domingo, 5 de noviembre de 2017

El ingreso de Pablo

Aunque tratamos de esquivarlo lo más posible retrasando la vuelta de los mayores al cole después de navidad, llegó el día en que agotamos todos los días de la baja, y los de vacaciones del padre y de la abuela... y fueron 3. Tres días desde que fueron al cole hasta que tuvimos la gripe en casa. Pablo tenía casi 2 meses. Sólo dos meses desde que nació. La gripe se complicó y el pequeño vivió su primera bronquiolitis.

Nunca habíamos tenido una bronquiolitis, y la verdad es que impresiona cuando ves al bebé con dificultad para respirar, hundiendosele las costillas cada vez que coge aire.

Fuimos para el Hospital de Villalba, entramos en urgencias. Ibamos asustados. Nuestra experiencia con el trato en otros hospitales no había sido buena. Y sin embargo, sólo tenemos buenas palabras para el servicio de pediatría del hospital de villalba.

Después de varias visitas en varios días seguidos, que parece que mejora, que no, que otra vez no respira, que quedaros un rato en observación, que volved mañana... al final nos dijeron que había que ingresar. Se me puso un nudo en la garganta. En parte, por el susto de que el niño estaba pasandolo mal. En parte, porque tenía a los otros dos en casa con 39 de fiebre, con su abuela y preguntando que cuando vuelvo. En parte, porque se me agolparon en la cabeza todas las imágenes del ingreso de Diego. No me lo puedo creer, este capítulo lo habíamos superado... No podía parar de llorar. Pero bueno, toca apechugar, la vida a veces es así, y de alguna manera nos sirvió para ver que en estos años las cosas han cambiado. Al menos en algunos sitios. Un rato de llorera, y otra vez a hacerse fuerte, que Pablo nos necesita a tope.

El lugar, tan parecido al otro, la misma habitación, los mismos dibujos en la pared, la misma disposición, la misma cuna.... y sin embargo, todo taaaan diferente...

Cuando les planteamos que después de investigar, no queríamos dar al niño una medicación que nos ofrecían para la gripe, nadie se ofendió, nos dieron más papeles, respondieron todas nuestras preguntas, comprendieron nuestras dudas, nos respetaron en todo momento.

Cuando nos vieron con el niño en el fular, nos animaron a seguir porteandolo, pues "ahí es donde mejor está y más tranquilo". " No le despiertes, que le tomamos las constantes ahí mismo", o "no te preocupes, está dormido? venimos dentro de un rato, mejor..."

Cuando nos abrieron la habitación, se preocuparon de que yo también estuviera cómoda, de que durmiera bien, de que pudiera dormir con el niño. Ah, si colechais con él, genial, podeis hacerlo así y asá... y pude dormir con él en el sofá, a pesar de los cables, igual que si estuvieramos en casa, tumbado a mi lado, la única manera de coger el sueño tranquilo...

Cuando por la noche venía el cambio de turno, las enfermeras entraban sin hacer ruido, sin dar la luz, y respetando el descanso del niño y el mío.

Cuando nos preguntaban qué tal iba comiendo, apoyo sin fisuras a la lactancia materna...

En ningún momento me sentí cuestionada, más bien al contrario, sentí que les interesaba cómo estaba yo, cómo veía yo al niño para ayudarles en su valoración. Cómo les contaba yo que habíamos pasado cada noche. Cuando pasaban los pediatras, me sentí en todo momento como una igual. Me sentí cuidada. El trato cercano, respetuoso, la información muy accesible y muy clara.

Un ingreso al final es agotador, y en esta ocasión con los otros dos malos, el padre yendo y viniendo, la abuela en casa y yo con el pequeño, esta gripe nos pasó por encima y nos dejó ko.

Y sin embargo, el recuerdo que tengo de este episodio no es malo. Quiero agradecer a todo el servicio de pediatría de este hospital, la gran labor que hacen. No sólo por los niños, si no también por sus familias. Ojalá pronto esto sea una realidad en todos los hospitales.






lunes, 10 de julio de 2017

El nacimiento de Pablo

Cuatro años después de su hermana, en el mismo mes de noviembre, ha nacido Pablo. Después de un embarazo que al final se ha hecho largo, se nota que el cuerpo ya no es el mismo que hace 6 años. Y sin embargo, algo recordaba. Qué maravilla cómo saben los cuerpos. Ese año en que ya habían nacido Dana, Ian, Mayo, Alvaro, Lola, Violeta, Chloe, Amar, Lara, Jara, Naia, Axel... y todavía faltaban por nacer Uriel, Alma, Mara, y Candela.

El 28 por la noche, se rompió la bolsa. Emoción, ya falta poco. Me paso la noche yendo y viniendo al baño, aún no hay contracciones. Pongo un mensaje a Mariluz, que llega muy prontito, antes de que se levanten todos. Por la mañana llamamos a Anabel, viene con Paca enseguida. Aún no estoy de parto pero me da tranquilidad verlas. Pasamos un rato con ellas, después del desayuno, jugando. Me dicen que el parto empezará en las próximas 24 h, pero que lo más probable es que se espere a la noche otra vez, así que se van hasta que volvamos a llamarlas.

El día es frío, pero salimos a dar un paseo al estanque. El otoño está precioso, lleno de colores. Estrenamos el columpio. Nos hacemos las últimas fotos de familia de 4. Pablo ya tiene ganas de llegar. Diego y Julia elegirán si quieren estar o no cuando nazca su hermano.

No es hasta la hora de cenar, cuando empiezo a notar algunas contracciones fuertes. Juego con Julia en la pelota. Les damos la cena a los mayores, dejamos todo listo y ya tranquilo, se quedan con Mariluz leyendo cuentos mientras Javi y yo cenamos. Ya hemos llamado otra vez a Anabel, que llega en media hora con Paca. Ceno con mucha hambre, y decido tomarme una manzana de postre. A mitad de la manzana una contracción enorme, cuando pasa me la termino corriendo y me voy ya a la habitación, con la pelota. Son las 20:30 de la tarde del 29 de noviembre.

  A partir de aquí todo va muy rápido, tanto que el recuerdo es algo borroso. Las contracciones son ya seguidas y muy fuertes. Las encajo en la pelota, agarrada a Javi, suena Peter Kater. Paca y Julia preparan la habitación, el futón, las toallas, Julia ha visto que esto empieza y se ha sumado, no se lo quiere perder. No creo que fuera mucho más de media hora, enseguida las contracciones ya no las aguanto en la pelota, y me pongo entre el futón y el sofá, a cuatro patas. Me acuerdo del parto de Julia, tan parecido, ese sentir que me parto en dos, "María venga que ya está casi, le estamos viendo", mi niña pequeña que ahora es la mediana, allí, sin parpadear, sujetando la linterna me contaron luego. Diego se ha dormido en el salón con Mariluz.

Los últimos pujos son muy fuertes, los gritos con cada contracción me salen de las tripas, se juntan unos con otros. Con el último, Pablo termina de salir, Javi lo coje y yo me quedo apoyada en el sofá. Estoy exhausta, noto la boca seca, quiero agua. Como por arte de magia aparece una pajita al lado de mi boca, puedo beber y ni he tenido que moverme.

Son las 21:45 cuando ya tengo a Pablo en los brazos. Qué sensación, qué emocionante, todo resbaladizo, precioso, moreno, chiquitín...

Diego se asoma con Mariluz a conocerlo, le da unos cuantos besos y enseguida vuelve a quedarse dormido. Julia no se pierde una, se lo cuenta a Mariluz: "Pues primero ha salido la cabeza, luego un hombro, y luego otro! Y luego ya estaba fuera y era muy negro :)". Llega también Silvia, que se ha perdido el parto pero aparece justo a tiempo de darme un masaje en los riñones con sus manos maravillosas. En poco rato sale la placenta, Anabel me dice que empuje un poquito y ahí está entera, preciosa. Qué sensación también la de estar en casa, rodeada de gente querida, la oxitocina está en el aire...

Como en medio de una noche mágica, pasamos un rato juntos, mirando a Pablo, que se engancha a su teta. No me molesta la cantidad de personas que somos, como una tribu. Me siento agradecida a la vida y a todas las personas que me acompañan. Después nos vamos a la cama, hoy somos uno más. Bienvenido Pablo. Bienvenido a esta familia, teníamos muchas ganas de conocerte...



De los tres pospartos, diría que este es el que me ha resultado más difícil emocionalmente. No sé si las hormonas, imagino que sí, me han tenido como loca toda la cuarentena y un buen rato más. Sin embargo, he tenido la suerte de, además de tener a Javi a mi lado, estar rodeada de mujeres maravillosas que me han ayudado, acompañado, apoyado, escuchado, permitido ser y estar como me salía, aunque a veces ni yo misma me comprendiera. Muchos miedos, mucha angustia y un comienzo de la lactancia tortuoso, que gracias a todo el apoyo se fueron por donde vinieron en cuanto las hormonas volvieron a su cauce.

Irene, Mariluz, Anabel, Paca, Sara, Silvia, Maricruz, Belén, Cristina, Ceci, Alicia, María, Violeta, Esther, Nadia, Ana, Sira, Carol, Leticia, Susana, Laura... Qué importante ha sido la tribu esta vez, qué de mujeres maravillosas me han acompañado en este tiempo, me siento muy agradecida. Mujeres sabias, amorosas, silenciosas... Qué diferente sería el mundo si se dejara guiar por mujeres como vosotras, si se valoraran estos cuidados que aunque son invisibles, nos sostienen a todos.

Y justo al acabar la cuarentena, en el día de los reyes magos, me encontré con este texto por casualidad...

Las tres reinas magas

Y aunque no lo digan las crónicas,

también llegaron mujeres sabias
desde los cuatro puntos cardinales.

El fuego ardía en su seno
mucho antes de ver la estrella en el cielo.
Caminaban en oscuridad fiándose
de que la tierra se iluminara cada noche
con la luz de las lucernas más humanas.


Llegaron mujeres sabias
libremente y por propia autoridad,
sin ocultarse y desafiando las costumbres,
sin pedir permiso a ningún rey,
siguiendo sus intuiciones y sueños
su anhelo y el ritmo de su corazón,
cantando canciones de esperanza
y abriendo camino a la dignidad.


Llegaron en silencio, de puntillas,
sin ruido, sin parafernalia,
sin provocar altercados ni miedos,
sonriendo a todos los peregrinos.
Llegaron de forma contracultural,
no les quedaba otro remedio.

Nadie levantó acta con sus nombres,
pero dejaron huella y recuerdo imborrable.

Llegaron y trajeron regalos útiles:
agua que limpia, fuego que ilumina,
pan de la tierra y leche de sus pechos.

Llegaron con mantas para envolver,
frutos secos para compartir,
aceites para curar y ungir
y nanas tiernas en sus gargantas
para alegrar y dormir al que iba a nacer.


Ayudaron a María a dar a luz,
y cuando gemía con dolores de parto
le susurraban bendiciones de su pueblo.
Se quedaron en Belén muchas lunas,
y encontraron para la familia un lugar digno.
Y enseñaron a otras su arte y oficio,
con paciencia, ternura y tino
hasta que surgió una red de solidaridad.


Llegaron mujeres sabias
y alzaron su voz, sus brazos,
su sabiduría, su cuerpo, su espíritu
contra la matanza de inocentes.

Y se marcharon por otro camino,
igual que lo hacen siempre,
sin prestar atención a los cantos triunfales,
para proteger a los hijos más débiles.

Se marcharon a su tierra.

Pero vuelven una y otra vez en esta época
y en todos los momentos importantes,
cargadas de dones, risas, besos
de vida, canciones y paciencia
Dicen que es su trabajo y oficio;
pero no, son nuestro sacramento
y nuestros sueños mágicos despiertos.


Vestidas sin llamar la atención
están ahí, al borde del camino,
en los cruces y duelos de la vida,
en los oasis y en los desiertos,
en el límite de nuestro tiempo,
en los campos de refugiados,
en el umbral de la conciencia,
ofreciéndonos lo que más necesitamos.

Danos ojos para verlas ahora,
antes de que se marchen por otro camino,
y sólo sean sombra para nosotros.

Déjanos sentir el aroma de su presencia,
la sonrisa de su rostro, la leche de sus senos,
el calor de su espíritu y de su regazo
y toda la ternura de sus corazones vivos.

Déjanos abrazarlas para no olvidarlas.

Siempre llegan mujeres sabias,
oportuna y solícitamente,
a Belén y al reverso de la historia,
y son los mejores reyes magos
de las crónicas evangélicas no escritas.















sábado, 23 de agosto de 2014

Y vais creciendo...

Y creceis... y se acerca otro cambio...

Y parece que fue ayer y sin embargo ya hace 3 años y medio que naciste, Diego, y parece que fue hace un rato y ya hace casi 2 años que naciste, Julia...

Y cada día que pasa me enamoro más de vosotros, cada día os quiero más si es que se puede, cada día me siento más feliz de ser vuestra madre...

Y cada día os veo crecer, y me gusta y me da un poquito de pena a la vez... me encanta ver cada día las cosas nuevas que vais descubriendo, me gusta sorprenderme con vosotros, ver todo por primera vez con vuestros ojos... y, también se me pone un nudo en la garganta cada vez que pienso en que quizá sea la última vez que escuche esa palabreja, que os monte en la mochila, que os tire por los aires... tantas cosas que irán quedando atrás y que sólo puedo fotografíar o grabar para que un día podamos verlo juntos... Leí esta entrada de Bei el otro día y me resonó tanto...

Pero si algo tengo claro es que estos años han sido con diferencia los mejores de mi vida. Concebiros, pariros, amamantaros, acogeros en mi regazo, vivir con vosotros, dormiros cada noche, acompañaros en el principio de vuestra vida, jugar cada día, saltar, correr... ha sido maravilloso aún con las dificultades, lo mejor que me ha pasado en la vida. Me siento afortunada de que me hayais elegido para ser vuestra madre. Con mis luces y mis sombras, trato de hacerlo cada día lo mejor que puedo, aprendiendo de los errores, agradeciendo al universo este regalo que me ha hecho.

El tiempo pasa rápido, y casi sin que me haya dado cuenta estamos casi ya a punto de un gran salto... Y lo estamos preparando con tanto amor, que sólo puede salir bien.

Junto con otras familias estamos poniendo todo nuestro trabajo, ilusión y cariño en construir para vosotros y otros nueve niños un espacio en el que podais crecer y desarrollaros, disfrutar y aprender, guiados por vuestro corazón, vuestro motor interno, ese que sabe lo que de verdad quereis. Un entorno precioso en la naturaleza, un espacio bonito y acogedor, unas acompañantes respetuosas que sabrán ver cómo sois cada uno y estar a vuestro lado siempre que lo necesiteis, unas familias amigas, una gran tribu con quien compartir este camino, que no parte de otro sitio que el de querer construir un mundo mejor, más empático, más solidario, más justo, más cuidadoso.


Así que, aún con este nudo en la garganta, tengo la ilusión a tope, la tranquilidad de que estareis bien, la ilusión de construir y ver rodar este proyecto, de seguir viendoos crecer. Y el hormigueo del cambio, de cerrar una etapa preciosa y abrir otra que puede serlo igual o más...





sábado, 11 de enero de 2014

Cómo llegamos a ser papás canguro...

(Escrito para Red Canguro)

Ya habíamos oído hablar del porteo, y ya sabíamos que portearíamos a nuestros hijos, pero también es verdad que andabamos muy perdidos, y que incluso guardabamos con ilusión durante el embarazo una colgona en el armario sin saber lo que era. Ya cerca del parto de Diego, descubrimos Red Canguro, y nos dimos cuenta de que no todos los portabebés valen igual si quieres que el porteo sea cómodo y seguro. Así que nos hicimos con un par de fulares elásticos y una mochila ergonómica. Diego no usó el carrito que nos regalaron hasta los 11 meses.

El embarazo de Diego terminó con el diagnóstico de una cardiopatía congénita, y acabó con un parto hospitalario con ingreso de tres meses entre esperas, preoperatorios, operación y recuperación. Al principio, en la unidad de neonatología, en un box lleno de cunas, y con la etiqueta ya de "los que no se despegan del niño", ni nos acordamos del porteo. Pero en cuanto tuvimos una habitación, aunque Diego estaba conectado con varios cables que nos daban un recorido máximo de dos metros, empezamos a ponerle a dormir en el fular. Al principio a todo el mundo le sorprendía, pero poco a poco se iba pudiendo ver bien, cómo con tanto jaleo hospitalario y habiéndo estado tanto tiempo en cuna y en manos ajenas, el niño dormía mucho mejor cuando estaba encima nuestro, bien pegadito. Se notaba que descansaba de otra manera. Se relajaba. Dormía plácidamente sin sobresaltos. Encima nuestro no consentíamos que le molestaran si no era necesario, ni termómetros, ni tomar la tensión, ni nada rutinario sólo porque hubiera un cambio de turno. En la cuna era otro cantar. En la cuna era como "suyo". Nadie nos pedía permiso para molestarle, simplemente "toca ponerle el termómetro" y ala a despertarle para algo que hubiera podido esperar un rato. En el hospital no parecían entender que él estuviera bien ahí "tan apretado" ni que nosotros no estuvieramos cansados de tener "todo el rato el niño encima". Pero lo cierto es que ni para él ni para nosotros había otra manera mejor de estar, ni siquiera otra manera de estar. Recuperando el tiempo separados. Re-encontrandonos, re-conociéndonos, re-conectándonos, y preparándonos para otro tiempo separados.


Incluso cuando nos dijeron que podíamos salir a dar algún paseo con una botella de oxígeno, no nos planteamos otra forma que no fuera esa, aunque la enfermera que nos traía el carrito del hospital nos pusiera cara de no entender nada. Nos hicimos verdaderos expertos del "nudo esquivando el cable del pie y el respirador del oxígeno". 




Cuando nació Julia, ya teníamos claro que la portearíamos desde el primer minuto. Lo que no sabemos, es qué hubiéramos hecho de no ser así. Cómo hubieramos podido atender las necesidades de los dos a la vez, cómo hubieramos podido hacer la comida, recoger la casa, jugar con Diego, y todo lo demás si Julia no hubiera echado sus largas siestas en el fular. Cómo de distinta hubiera sido la relación entre ellos si no hubiera existido la posibilidad de portear a los dos a la vez, mirandose cómplices y cogiéndose la mano. Ahora Julia tiene más de un año, y todavía sus siestas en la mochila en la espalda nos dejan hueco a Diego y a mí para jugar a cosas que de otra manera no podríamos.



Sin duda el porteo nos ha ayudado a fortalecer el vínculo con nuestros hijos. Ellos, se sienten cómodos y seguros yendo cerquita nuestro, escuchando nuestro corazón. Y para nosotros, pocas sensaciones han sido mejores que la de llevarles ahí pegaditos, sintiéndoles respirar tranquilos, viviendo en una burbuja aunque fuera llueva o haga frío.


 


lunes, 2 de septiembre de 2013

Queridos hijos...


Me ha encantado el post de Marta en Mapellcor, y me ha apetecido hacer mi versión particular...

Queridos hijos,

quiero que sepais, que sois lo más maravilloso que nos ha pasado en la vida, que os queremos mucho, que os querremos siempre... siempre. Hagais lo que hagais, seais como seais, pase lo que pase... siempre...

Sabed que sois libres, y respetaremos vuestras decisiones, os apoyaremos en lo que quiera que decidais.

Sabed que buscaremos siempre lo que es mejor para vosotros, no para nuestra comodidad.

Sabed que podeis jugar felices, pues nosotros no dirigiremos vuestro juego.

Sabed que podeis estar tranquilos, porque siempre estaremos ahí para conteneros y daros lo que  necesiteis.

Sabed que podeis sentir tristeza, enfado, miedo, alegría, pena o rabia, todas vuestras emociones son importantes para nosotros.

Sabed que podeis desarrollaros a vuestro ritmo, sin prisas ni horarios, pues confiamos en vuestra autorregulación.

Sabed que no pasa nada por cometer errores, siempre se puede aprender de ellos y seguir creciendo.

Sentíos libres de ser quienes sois, no pondremos sobre vosotros etiqueta ninguna.

No obedezcais ciegamente, pensad siempre por qué haceis las cosas. Informaros bien antes de decidir.

Tratad a las personas con respeto, todo el mundo merece respeto. Exigid también que se os trate con respeto. No con respeto a la autoridad, sino con respeto a la persona que cada uno es. A sus decisiones, a su desarrollo, a sus emociones, a sus virtudes y a sus defectos.

También a La Naturaleza. Cuidadla, conocedla, queredla. Escuchadla, ella sabe. Asombraos con ella.

Cuidad vuestro cuerpo, es sólo vuestro. Disfrutad con él. Respetadlo y queredlo también. No comais lo que no querais comer. No deis un beso que no querais dar. 

No juzgueis a nadie. Nadie es quién para juzgar a nadie. Puede que no os guste lo que veais pero puede también que no sepais qué pasó para que eso llegara a ser así.

Disfrutad de la vida, perseguid vuestros sueños, cread vuestra realidad. Pasadlo bien. Confiad en vuestro poder, dejad volar la imaginación, y no dejeis que nunca nadie corte vuestras alas.



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viernes, 9 de agosto de 2013

El paso del tiempo...

"Desde el andén se divisa la vasta extensión de hierbas y matojos amarilleados por el calor del verano castellano. Una gran encina, testigo de los caprichos de estos tiempos cambiantes, se eleva solitaria proyectando su gran sombra en la que se resguardarán a almorzar los grupos de campesinos que, azada en mano, guían sus viejos arados tirados por famélicos bueyes, como antaño hicieran tantas veces sus bisabuelos.

A derecha e izquierda, colonizada ya por las primeras plantas que comienzan a reconquistar el espacio usurpado por el hombre, se aleja la vieja vía, otrora sinónimo de prosperidad, y que no volverá a escuchar el traqueteo de la Alta Velocidad Española.

El apeadero tampoco presenta mejor aspecto, paredes desconchadas y cristales rotos, recuerdo de las revueltas sociales provocadas por las leoninas medidas gubernamentales para hacer frente a la crisis del petróleo.

Toca volver a la vida rural, pequeñas comunidades en armonía con la naturaleza… Atrás quedó la globalización, las grandes infraestructuras, los grandes medios de transporte basados en combustibles fósiles… Tan lejos de ese futuro de ciencia ficción que augurábamos a principios del Siglo XXI. Mucha gente se lamenta, pero… ¿Seguro que esto no es mejor?..."

Presentado por El Pirata Garrapata en el concurso de relatos "Desde el andén" organizado por Fuentetaja Literaria, si te ha gustado puedes votarlo aquí a partir del 9 de septiembre!

miércoles, 24 de julio de 2013

Los padres podrán estar en las UCIs con sus hijos... en teoría

Hoy estoy  muy removida...

Y es que tenemos una buena noticia: ayer el Consejo Interterritorial de Sanidad aprobó que las UCIs pediátricas estén abiertas 24 horas para que los padres puedan estar con sus hijos. Por fin se tendrá que aplicar algo tan evidente y tan necesario como que los niños enfermos puedan estar con sus padres, y los padres con sus hijos.

Este es uno de los puntos que recoge la Carta Europea de los Derechos del Niño de la ONU pero que aún en muchos hospitales de nuestro país no se contempla, ignorando algo tan conocido como que el contacto, el apego y la lactancia materna son métodos de comprobada eficacia para acelerar la recuperación de los niños enfermos. Dice esta carta europea que los niños tienen derecho a estar acompañados de sus padres o de quien los sustituya el mayor tiempo posible durante su permanencia en el hospital, sin obstaculizar la aplicación de los tratamientos necesarios para el niño. Esto conlleva que los niños pasen muchas horas solos, se sientan desamparados y que en el caso de los bebés se dificulte en gran medida el mantenimiento de la lactancia materna. También se aumenta de modo innecesario el sufrimiento de los padres que no pueden estar acompañando a sus hijos en esos complicados momentos.

Mientras, en el hospital de La Paz presumen de respetar los derechos del niño hospitalizado, y ponen un poster con la Carta Europea de los Derechos del Niño en cada puerta, e incluso lo publican en su página web, pero existen aún varias unidades en las que esto no ocurre. El restrictivo horario de visitas de la "Unidad de Anestesia y Reanimación Pediátricas" por la que nosotros pasamos, hace que los padres apenas puedan ver a sus hijos enfermos allí ingresados sólo una hora y media por la mañana y una hora y media por la tarde. También en la "Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos" los padres sólo pueden acceder a estar con sus hijos tres horas por la mañana y tres por la tarde.

Por fin, después de mucha presión, varias campañas, y mucho empeño de muchos padres que hemos sufrido dejando a nuestros hijos "al otro lado del cerrojo", las puertas se van a abrir. Por fin. Lo hemos conseguido. Enhorabuena a todos. Porque repercutirá en todos. En los niños que sufrirán menos, en los padres que sufrirán menos, y en la sociedad en general que ha dado otro pasito en el camino de la paz y de la no violencia.

Sin embargo... para mí hoy es un día agridulce... y es que esta noticia, es buena, pero como siempre... todo depende de cómo se aplique. Las cosas no cambian de hoy para mañana. Es un paso importante, pero son muchas mentalidades a cambiar de repente.

Y es que, casualidades de la vida, resulta que justo hoy ha llegado a mis manos el historial medico de mi hijo, que recoge todo lo que pasó en aquellos tres meses que estuvo ingresado. No puedo evitar llorar al leer algunos comentarios de las enfermeras que cada día hacían sus turnos. "Pasa la mañana tranquilo pero todo el tiempo en brazos de sus padres" (¿?¿?¿??),  "los padres dicen que por las noches se pone nervioso" (?¿¿?¿?) así lo recuerdo yo... mi niño tranquilito todo el día con nosotros... y mogollón de tensión al tenernos que ir a casa, llantos, estrés nuestro por dejarlo así, la enfermera que nos anima a irnos como si no pasara nada, ... "se administra rivotril  por la noche y duerme 5 horas"... joder y si en vez de un tranquilizante le pusieran a su madre al lado? y si en vez de interpretar que el niño está intranquilo por las noches entendieran que los bebés se despiertan cada hora buscando a su madre? y si comprendieran que los bebés no saben que hasta las tres horas no toca otra toma de biberón? y si entendieran lo surrealista que es que su madre está en casa poniendo el despertador cada tres horas para sacarse leche?

Pues estas cosas, este tiempo tan duro, pasaron también nada menos que en una unidad en la que las puertas ya estaban abiertas 24 h. O sea, que supuestamente durante al menos esa parte de su ingreso, mi hijo podría haber estado acompañado todo el día y toda la noche. Pero cual es la realidad? La realidad no es una habitación con una cama en la que acostarse para pasar la noche a su lado. No. La realidad es un box de 4 x 10 m con paredes de cristal y 8 cunas entre las que se intercalan 8 sillones semireclinables (en total, más o menos un par de metros cuadrados por familia), con una enfermera que se ríe cuando dices que te vas a quedar también a la toma de las doce, y que cuando llegas a la toma de las 9 de la mañana te dice que qué haces aquí tan pronto, y que no puedes pasar todavía a ver a tu hijo porque están bañando a otro, a pesar de que las tetas te revientan y le estás oyendo llorar al otro lado de la puerta. Si, de esa puerta supuestamente abierta 24 h. O que te dice que hay que salirse porque va a pasar el médico a hacer la ronda, como si no pudiera auscultarle estando encima de su madre. La realidad es un médico que te dice que no lo cojas tanto porque se va a acostumbrar y luego cuando le operen y no puedas cogerlo va a ser peor. Esa es la realidad.

Así que nos quedamos con la parte buena, que es el gran paso dado ayer en la protección de los derechos de los niños y de sus padres, pero aún no podemos cantar victoria. Queda mucho trabajo todavía. Hay mucho que cambiar aún.  Y es que no son sólo las puertas... es la mente de muchos la que se tiene que abrir.

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